«CARTA PARA TI» …. REMITENTE CAPUA.

por | Abr 18, 2017 | Historias reales | 0 Comentarios

Nunca llegaría a saber lo que era ser una gatita casera; entre gritos, se les oía decir que nos tirarían a la basura en cuanto viniéramos a este mundo. Mi madre era una gata muy joven, de menos de un año; entraba y salía de aquella casa, sin importar mucho su presencia, en realidad se puede decir que era una gata callejera. Pero ella volvía a diario en busca de comida; a pesar de que no recibía cariño, ni cuidados, y sólo sobrevivía gracias a su audacia. Esas personas le gritaban que éramos un problema y habían decidido nuestra sentencia de muerte aún sin nacer. Por fortuna una persona desconocida, les dijo que ayudaría a buscarnos un hogar. Y llego el gran día, nuestra madre consiguió que naciéramos, cuatro bolitas peludas, en los huesos. Me tocó ser una tricolor, la más pequeñita, pero me afanaba a la vida y mamaba de mi madre con todas mis fuerzas; ese fue mi tiempo feliz. A penas empezamos a descubrir nuestro entorno y movernos en esa habitación, vinieron otras personas y me sacaron de allí, en una pequeña casita portátil. Nunca más vería a mi familia. ..

No estaba acostumbrada a las palabras dulces ni a las caricias, que sentía a mi alrededor, sin embargo yo echaba de menos estar en el regazo de mi madre, su olor, su calor y su pecho… No sé qué pasó, pero en los días siguientes de estar allí, me puse muy enferma, vomitaba y en unas horas, ya no tenía fuerzas ni para andar. Me metieron de nuevo en esa casita portátil y pensé que me devolverían con mi madre y pronto estaría bien, pero no fue así. Me llevaron a una casa muy grande y fría, llena de luces blancas, jaulas y muchos olores desconocidos, que me daban mucho miedo. Había un señor de bata verde muy enfadado, no dejaba de hablar y les decía que alguien había olvidado cuidar bien de mi madre y por eso yo estaba tan enferma. Me pincharon, me arroparon y hablaban muy bajito, pero yo lo vi en sus ojos, estaban llenos de tristeza, esa que viene del alma. Quizá había enternecido el corazón más duro, el humano. Había nacido sin ser querida y sin embargo, ahora en la muerte, todas esas personas sentían pena por mí, !yo que no era nada!. Me dejaron cerrar mis ojitos y me quedé dormida, sin dolor, ya nunca más sentiría miedo.

Autora: Mepiache

Este pequeño Relato de la historia de Capua, como símbolo de tantos pequeños inocentes como ella, que mueren dramáticamente. Siempre hay que dar una oportunidad a un animal, cueste lo qué cueste y esté como esté. Ese es nuestro reto!!! poder rescatar todos los que podamos y vuestra ayuda es imprescindible.